“En la escuela superior (pública) los maestros no te ayudaban. Éramos treinta por salón. Había división de estudiantes, los más avanzados eran aparte y nosotros un cero a la izquierda. En las escuelas públicas, la voz del director es la que vale más. Aquí somos una persona, nuestra voz vale igual que la del Director. Tomamos decisiones sobre cómo educarnos. Nosotros decidimos qué nos gusta, qué clases coger, qué horarios. Eliges la materia que quieres coger, si quieres arte, teatro. Y el maestro busca la manera de atraerte. A nosotros nos llamaban los desertores escolares. Pero aquí no se permite que nos llamen así. Porque nosotros no fuimos los que fallamos. El sistema de educación pública fue el que nos falló porque no supieron retenernos. Mucha gente aprende rápido y otros no. Entonces como el maestro ve que otros aprenden, no te espera. Va rápido y te deja en el hoyo. Aquí no. Aquí el maestro sigue insistiendo, no se olvida nunca de ti”.
“Antes, yo estaba en la calle, vendiendo droga y fumando marihuana. Perder a mi mejor amigo, que lo asesinaron, me llevó a volver a estudiar. Al principio llegué y sentía el dolor todavía, fue duro. Pero ahora soy un líder. Soy de los organizadores del Foro juvenil IDEC 2012, soy presidente del Consejo y produzco videos. Desde los diez años a mí no me picaban un bizcocho. Y aquí me lo celebraron cuando cumplí los veinte”.
-Miguel Meléndez, 20 años
