Problemas invisibles de un Puerto Rico escondido
¿Puede erradicarse lo invisible? ¿Cómo se lucha contra un problema que parece no existir?
Una se hace estas preguntas después de una conversación con el Dr. César Rey acerca de la trata humana en Puerto Rico, término que ni siquiera existe como categoría en el Departamento de la Familia en Puerto Rico.
El Dr. Rey, profesor universitario, ex secretario del Departamento de Educación de Puerto Rico y presidente de la Fundación Ricky Martin, habló con IDEC 2012 sobre el estudio La trata de personas en Puerto Rico: un reto a la invisibilidad, que dirigió para la Fundación, con la colaboración de la Universidad de John Hopkins y su Protection Project.
Las revelaciones de esta primera fase investigativa fueron impresionantes: un Puerto Rico enterrado del que no conocemos o no queremos conocer. “Mínimamente hace cincuenta años aquí hay un tipo de explotación muy sutil, a veces disfrazada de incesto”, cuenta Rey.
Los veinte casos que estudiaron dejaron perplejos a los investigadores.
Como el de Liza, por ejemplo. Una joven que fue abandonada por su padre de pequeña. Hace 40 años, cuando tenía solo cuatro, su madre la vendió para prostitución con la intención de pagar su vicio de heroína.
“Ella siempre me explotaba”, cuenta Liza. “Me acuerdo que yo estaba en primer grado y nos encerraba en un cuarto a mí y a mi hermana, en esas camas de mosquitero que eran como de tubos así... y nos amarraba ahí y a ella le daban 100 pesos y los hombres tenían relaciones con nosotras”.
La mujer también relata que era abusada sexualmente por su abuelo, su tío, sus primos y luego por un hermanastro. “La tenían bajo amenaza por lo que nunca pudo acusarlos. Su madre, según narra, no se enteró”, lee el informe de su entrevista. Hoy, Liza deambula en Hato Rey y se prostituye para pagar su vicio. Tiene un hijo y una hija. El varón está preso. Con ninguno tiene comunicación.
Dice que se prostituye por la necesidad de sostener su vicio inyectándose. “Lo hago para no pensar que tengo raíces de amargura pues mi vida está destrozada completamente por dentro, o sea, no tengo deseos de vivir. Porque, honestamente, cuanta persona me dice que está enferma, me pego a ver si me enfermo y me voy de verdad. Eso es lo que hago. Si hay una persona que dice que tiene SIDA me pego a él porque estoy cansada de vivir, yo no espero nada de la vida. Yo espero por lo menos antes de mi cumpleaños irme con papa Dios. Porque yo creo que el cuerpo mío necesita descanso, han sido muchos golpes en esta vida y no espero nada de la vida”.
En otro caso igualmente trágico, una niña de once años era violada por su padrastro a cambio de un combo de ventanilla de restaurante de comida rápida.
Otros espacios y situaciones donde se detectó gran vulnerabilidad a la trata, la explotación sexual y modos modernos de esclavitud son la inmigración desde República Dominicana, los hogares de crianza del Departamento de la Familia, los puntos de droga, los lugares de prostitución disfrazados de centros de masajes y los matrimonios “comprados”.
Cada una es una historia terrible y, entre todas, “empiezan a develar un país desconocido para el puertorriqueño como tú y como yo”, dice el Dr. Rey, quien recuerda que, para identificar los casos, fue importante la colaboración de José Vargas Vidot y Justo Méndez Arámburu, de Iniciativa Comunitaria y Nuestra Escuela, respectivamente.
“Esto es algo que el sistema ha ignorado: la construcción de una sociedad que permite, fomenta y alimenta la violencia”, añade el Profesor.
A pesar de que en Puerto Rico se conocen casos de tráfico transnacional, el Estado les ha prestado muy poca atención, especialmente a la trata doméstica, que es la principal en el País y, según el informe de la Fundación, “puede estar alcanzando cifras inalcanzables y cuyas consecuencias son más dramáticas ya que involucra la familia, como principal protagonista”.
La economía informal en Puerto Rico representa un 30% de la economía. De ese 30, el ochenta porciento es ilegal. “Una clandestinidad que se limpia en negocios oficiales. La violencia está asociada a la pobreza, a una manera fácil de conseguir dinero, a un consumismo que no corresponde a la realidad. Y las peores comunidades son las de mayor deterioro social”.
El dato es devastador: Existen en Puerto Rico 1,500 escuelas con un presupuesto de 4 mil millones. Pero también existen cerca de 1,500 puntos de droga que –muy paradójicamente- generan 4 mil millones de dólares también.
“Cuando, encima de eso, entiendes que los puntos tienen presencia de menores y generan el mismo dinero que el Departamento de Educación, tú dices ‘¿qué bipolaridad es esta que el país no quiere reconocer?’ Un país que se niega a tener un Instituto de Estadísticas, que los policías dicen que los obligan a clasificar los crímenes de otra manera. El discurso es uno inoperante. Treinta años de deterioro social, de incongruencias de política pública y, en esa coyuntura tan dispar, quienes están ganando el terreno son los narcotraficantes”.
Apelando a su experiencia como secretario de Educación, César Rey propone que las comunidades asuman el liderazgo del cambio.
“Hay que buscar soluciones. El panorama es muy adverso. La respuesta tiene que venir por iniciativas como Nuestra Escuela y organizaciones sociales-cívicas. Los proyectos de éxito que conocí en el Departamento de Educación no tenían que ver con el sistema sino con la educación comunitaria”.
Lee el informe de la FRM aquí.
