Llegó la Vigésima Conferencia Internacional de Educación Democrática (la IDEC, por sus siglas en inglés) a Caguas, y mientras esperamos, algo ya parece marcar una característica importante de este evento: se respira humanismo.
La lluvia de fin de semana ha venido a bautizar un encuentro que reúne veinte países y cientos de educador@s de todo el mundo. Son corrientes diversas internacionalmente, pero para las cuales la crítica a la educación tradicional—y su misión reproductora de la sociedad desigual que vivimos—es base común para el encuentro, las discusiones y los análisis.
Un contraste puede notarse de inmediato a la tendencia deshumanizante de la educación bajo esta sociedad capitalista: aquí se reparte amor, se dan abrazos, nos preocupamos por los seres humanos.
Ayer se comentaba en muchos estatus de Facebook la prohibición de abrazos entre estudiantes en una escuela de Nueva Jersey. Fuimos muchos los que leímos con espanto un asunto que no tiene sentido. ¿Puede prohibirse el amor? ¿Puede regularse el afecto? Ahora dos estudiantes que son parejas, o amigos o simplemente compañeros de clase que se respetan, se corren el riesgo de ser “amonestados” por el más simple de los gestos. En Nuestra Escuela estaríamos todos y todas presos si fuera así pues antes de empezar la escuela, cada estudiante aprende a abrazar a sus compañeros y compañeras. La educación ni está circunscrita a los contenidos de estudio ni puede terminar de perder toda su humanidad. IDEC, en ese sentido, llegó en buen momento.
La lluvia no cesa, pero las cientos de personas que están llegando me hacen recordar la muy cantada consigna de protesta: “ni con lluvia ni con bala, esta lucha no se acaba”. La música suena, los bailarines y bailarinas se gozan alguna que otra canción típica y la lluvia se detiene para que salga el sol. Parece todo un mensaje de la naturaleza. Tenemos futuro que trabajar, y para eso estamos aquí.
El autor es maestro de Nuestra Escuela en Caguas.
