Diferentes concepciones fueron motivo de discusión en la plenaria del martes por la tarde en IDEC 2012 en la que participaron los doctores Gabriel Cámara, Pedro Subirats y Rafael Aragunde. El tema, ‘Una educación que practica la democracia desde las comunidades’, tuvo exponentes con puntos de vista diferentes y hasta opuestos, lo que enriqueció el debate.
En la escuela pública se da una gran falta de respeto hacia el estudiante y hacia el maestro, según Gabriel Cámara, doctor en Educación por la Universidad de Harvard, cuyo trabajo se ha destacado por la investigación y promoción de modelos alternativos de educación en nivel básico y en ámbitos comunitarios. “Hay grados de respeto y hay grados de opresión pero, en general no hay respeto”, afirmó el educador, quien abogó por la educación a base de tutores.
Presentó la experiencia de un proyecto a base de tutores. ”Nosotros no enseñamos para las pruebas estándar, trabajamos con las escuelas de más bajo rendimiento”, afirmó y explicó que “los estudiantes que venían saliendo mal en las pruebas estándar, mejoraron y, al cabo de tres años, los resultados en 2009, no sólo alcanzaron la media estándar sino que la superaron”. Concluyó su exposición diciendo que “otra educación básica es posible porque ya se ha dado”.
Por su parte, el Dr. Pedro Subirats concentró en definir los conceptos de democracia, comunidad y educación, en aras de descubrir si es posible la educación democrática. Para esto se hizo 3 preguntas: “¿Es posible que pueda haber una educación democrática? ¿Es posible que esa educación exista en una sociedad que no es democrática? De ser posible en una sociedad democrática, ¿qué tipo de institución puede lograrla?”.
Identificó las ideas del pensador austriaco Ivan Illich como marco teórico de sus argumentos. Definió la comunidad como “un juego de interacciones en que se dan tres dimensiones: personal, interpersonal y grupal” relacionadas cada una de ellas a la identidad, afectividad y pertenencia. En una comunidad “cada uno se siente representado por otro”.
Sobre la educación democrática hizo tres afirmaciones paradigmáticas: “se enseña y se aprende a decir: yo soy yo; yo soy yo contigo; y yo y tú somos con los demás”. Concluyó con la certeza de que “en última instancia, lo único que nos queda es el recurso de la esperanza. Lo que pasa es que la experiencia de la esperanza sólo se puede tener viviendo la esperanza”.
El Dr. Rafael Aragunde dedicó su alocución a refutar las reflexiones de los otros dos deponentes. Sobre Subirats dijo que su filosofía se asemeja mucho a lo religioso y aseguró que “el ser humano no tiene tanta soberanía como pretendemos”.
“Es muy difícil asegurar que haya un camino especifico desde el cual podamos crear las escuelas que queremos”, aseguró, refiriéndose a que no hay una sola forma de lograr una educación democrática.
A manera de reto lanzó la pregunta: “¿cómo imaginar una escuela para nuestros tiempos?” y mencionó, como ejemplo, que dado el hecho de que los estudiantes en Puerto Rico tienen teléfonos celulares, éste podría ser utilizado como herramienta para la enseñanza en vez de prohibirlos en las clases y las escuelas, como suele ocurrir.
Sobre la democracia, argumentó que “lo que no se le puede pedir a ninguna educación es que resuelva el problema del país, eso lo tienen que resolver los países mismos”.
Refiriéndose a lo argumentado por Cámara, dijo: “cuidado con resolver el problema como uno de egresados” y refiriéndose a lo argumentado por Subirats, dijo: “cuidado con hacer de la escuela una instancia de educación moral… No llegaremos a ningún lugar si nos obsesionamos con que todos tienen que pensar igual”, añadió.
“Me siento paradójico, con dos sentimientos encontrados e irreconciliables” contestó Subirats a Aragunde. “Estoy de acuerdo con Aragunde en que no se le puede pedir a los maestros que arreglen y salven al país pero, por otro lado, los maestros tenemos que construir un micro mundo y esa esperanza es en ese micro mundo”.
Por su parte, Cámara insistió en la fuerza de las tutorías y dijo: “Yo baso toda mi esperanza en la vitalidad de los jóvenes”.
Al final, del público se levantó el profesor Justo Méndez Colón y recordó que Pedro Subirats y Rafael Aragunde fueron discípulos de él y que, en 1969, él estaba presente cuando vino a la Universidad de Puerto Rico el austriaco Ivan Illich, citado por Subirats. Aclamó que “la pedagogía de la esperanza está viva”. Emocionado dijo su edad, 83 años y lanzando un beso al aire concluyó “Yo te bendigo, vida”.
